martes, 7 de junio de 2011

Papeo en Shanghai

Una de las cosas que primero os dirán en Salud Exterior cuando tireis para China es que no tomeis agua, ni alimentos frescos, ni nada que compreis de los puestos de la calle. Y en lo del agua se puede uno apañar, pero la mitad de la gracia de ir a un sitio distinto es probar lo que por allí se cuece, en este caso literalmente. Y es que la comida china de verdad es de toma pan y moja, nunca mejor dicho. A los que no soportan el picante hay que recomendarles que esquiven los platos cantoneses y a los que lo adoren, que no se lo pierdan. Por lo demás, lo suyo es probarlo todo, cuanto más raro mejor, y rezar por no reconocer lo que uno se está comiendo.

Para los aprensivos, hay que decir que no se preocupen, la globalización ya hace tiempo que llegó a China y podemos encontrar Mc Donalds, Pizza Huts y Coca Colas por doquier, pero se perderán la gracia de comer por sorpresa.



En general, el restaurante chino a pie de calle tiene una pinta como esta, con su menú plastificado, sus botes de soja y salsa picante y una caja de servilletas tipo kleenex. Diría que esta es la versión cutre (aunque en Shanghai hay restaurantes de 25 tenedores y nada caros), pero lo mejor está por venir.



Lo primero que aprendí en Shanghai es que el pato lacado es especialidad de Beijing, pero aquí no lo hacen bueno: montones de huesos y no le ponen las crepes para envolverlo :( Al principio pensamos que era culpa del restaurante cutrón, pero luego lo comimos en uno de los caros y pasó igual. Conclusión: nada de pato de Shanghai. Eso si, con picante todo está más bueno. Especialmente si las cervezas son de tamaño familiar y además un estilo en cuanto a fuerza a las españolas. A partir de aquí empezamos a coleccionar las cervezas locales, a ver cuantas nos daba tiempo a probar.



Una gracieta a la hora de pedir es que ni nosotros hablamos chino, ni en Shanghai se habla inglés (es más, la mitad de los chinos tampoco los entienden), así que salvo en restaurantes "buenos" donde te traducen la carta, hay que indicar por señas si eres alérgico a algo. O emplear la técnica de "the chulet", que mi amigo JuanPe usó magistralmente para que yo pidiese en los garitos más recónditos :D



Al final localizamos nuestro garito de cabecera muy cerca del apartamento que teníamos alquilado. Se trataba de un cuartucho, alicatado como los baños del metro, con cajas por todos lados y manteles de papel, donde hacían unas comidas que quitaban el hipo, en particular las setas y champiñones. Básicamente, el menú consistía en encogerse de hombros y enseñarles el dibujo de antes y, a partir de ahí, diversión y platos sorpresa.



Para más alegrías, en la misma calle estaba nuestra tienda de zumos de confianza, que lo mismo te batía una cosa que parecían renacuajos que unos frutos sin nombre, todo buenísimo. Lo único malo es que cerraban a las 10, así que había que darse prisa con la cena en vista de los horarios hispanos.



Aparte de cualquier cosa que vendan por la calle, otra cosa local a probar es la comida uighur, que viene de una cultura mezcla de chino y turco emigrante y se parece mucho a la de nuestros restaurantes marroquís, sólo que con una mezclilla oriental muy curiosa. Como curiosos son los restaurantes, que siempre tienen montada una juerga simpática más el clásico culebrón de fondo de todas las TV chinas.



El otro sitio donde ir a comer es Qibao: aunque lo suyo ahí es comer por los puestos de la calle más que sentarse en un restaurante, las vistas merecen la pena si se quiere comer más tranquilito. Hay un montón de pastelitos de arroz envueltos en hojas, algunos salados y otros dulces, todo tipo de cosas fritas -incluyendo algunas que no invitaban precisamente a consumir- y pinchitos bastante variopintos.



Por último, un consejillo que también viene bien para el que se acerque a los pueblos acuáticos. Igual que en el resto del mundo, si uno se aparta de los sitios turísticos, como, por ejemplo, el río, la comida saldrá mucho más barata y probablemente será mejor. Y no os dejeis llevar por las apariencias. En general, por cutre que sea el garito, en China se come muy bien.

6 comentarios:

INMA SERRANO dijo...

Envidia de viaje, y reportaje cojonudo... Yo la comida no sé... Donde se pongan unas lentejas... (el chovinismo es lo que tiene...)

clara dijo...

Una entrada con mucho sabor y colorido. ¡Que suerte tienes de viajar tanto, y con tanta alegría!. En Turquía me dió una gastroenteritis con fiebre incluida... no quiero pensar lo que sería-a para mí China.

Cristina dijo...

Gracias! Yo antes tampoco era de salirme mucho en comidas (conseguí comer lentejas en Londres, con eso lo digo tó), pero con tanto viaje, al final me he echado al barro. Eso si, para este viaje me vacuné de tifus, cólera y no se que más y fui bien cargada de Fortasec, que la otra vez en China no veais que plan, justo después de una comilona de muerte de pato lacado :P
Botiquín al poder!!

Swasky dijo...

Madre mía, que buen reportaje. Felicidades! A mi me pasó eso en Inglaterra. Y éso de tener que ir al lavabo en Londres es una experiencia inolvidable. Gracias a un Starbucks que no había que pedir la llave me pude aliviar, pero tuve que aguantarme durante un buen rato. Y una cosa es aguantarse la aguas menores, pero otra bien diferente es tener retortijones y no hacer más que encontrarte lavabos donde dicen: "Only customers".

Andrés Gómez dijo...

Si señor un autentico cuaderno de viaje, casi saboreo yo también las cervezas locales

Miguel Herranz dijo...

Esto es una crónica y lo demás son tonterías!