jueves, 15 de septiembre de 2011

Vacaciones en Cazorla

Bueno, pues por aquello de que ya iba tocando, os endoso una crónica de mis primeros días de vacaciones este año. Como mis amiguetes y yo somos masoquistas, tradicionalmente quedamos una vez al año para alguna actividad que nos deje hechos polvo y destrozaos, como bien cantaban los Mojinos. Cuando eramos jóvenes y teníamos fuerzas era peor, porque tocaba subirse todos los picajos de Sierra Nevada, ahora que ya estamos pal arrastre nos conformamos con bañarnos en cualquier cosa que nos cubra por encima de la rodilla en Cazorla y bajar los rápidos del río en kayak, lo que implica la necesidad de ir en julio-agosto, con la frequita, mismamente.

Habitualmente para estos menesteres procedíamos en su tiempo al alquiler de una (o más) casa rural en mitad del parque, donde se montaban barbacoas para reponer esos quilos que no nos dejabamos durante el día, pero con aquello de que cada vez somos menos y que la actividad fuerte del asunto es el Guadalkayak, este año no se nos ocurrió mejor idea que alquilar la casa en un pueblo de al lado (entiéndase al lado por menos de 50km), que venía a caer en mitad de ninguna parte, a mano izquierda. Para colmo de males, resultó estar en lo alto de una colina, que en su tiempo tuvo que estar muy bien para la defensa de la zona, pero cuyo único propósito actual es que tengas que tirar de coche para subir y bajar y que no haya pistas de padel, porque si pierdes una bola tendrás que ir a buscarla a Sevilla.


El pueblo en cuestión, Iznatoraz, resultó tener un puñado de calles, una plaza con reloj y, lo peor de todo, sólo 3 bares, que, para colmo de males, disponían, eso si, de su correspondiente pantalla plana de chorrocientas pulgadas con fútbol-non-stop. A pesar de lo que pueda parecer y teniendo en cuenta que estábamos en la Marca del tapeo, triángulo conformado por Granada-Jaen-Almería, el papeo no resultó demasiado allá y al segundo día ya estaba más repetido que un bocadillo de judías. Fail. Para la próxima, volvemos al campo. Y a la barbacoa.

El tema kayak lo llevamos bien, este año había agua de sobra y los rápidos estuvieron divertidos. Yo, en mi linea, conseguí caerme cuando ya no había ni rápidos ni nada y quedé bajo sospecha de haberme tirado por envidiosa, porque tan torpe no se puede ser. El resto del día se dedicó a la visita obligada a la Charca del Aceite, que, a pesar de cubrir relativamente poco, está helada y, además, es punto de interés de domingueros. La idea hubiera sido comer allí, en el chiringuito que abre aleatoriamente a la hora que quiere y que no tiene cuarto de baño -mejor no pregunteis-, pero entre que sólo tienen bocatas y, una vez te has bañado -y, por supuesto, ya no quieres bañarte más- y te has dado un garbeo por las zarzas de la zona en pantalón corto, no hay mucho más que hacer, optamos por seguir camino hacia el embalse de al lado. En este si hay restaurantes, pero se han puesto de acuerdo para hacer una tarifa plana de 12 EUR por un menú de cafetería de universidad que invita a volver a la Charca a por los bocadillos. Además, hay que aguantar el sonsonete del camarero diciéndote que por 15 EUR, en lugar del pan de ayer te ponen colines. En fin, para no volver. Y, a estas alturas, os habreis dado cuenta de que estábamos en el quinto pino con respecto al Guadalkayak ese, con lo cual nuestra única razón para alojarnos en el pueblo, echada a perder. Otro fail.

Lo mejor del viaje, rápidos aparte, fue la tradicional excursión a las pozas del Borosa, esta vez cargados con bocatas y una sandía tamaño XL. El Borosa tiene un montón de estas pozas dispersas a lo largo del caudal, con lo que uno va subiendo y, quitando un tramo pequeño de coto de pesca, puede bañarse donde quiera. Las primeras veces que vinimos, subíamos hasta la cascada. Más tarde, hacíamos como que ibamos a subir, aunque al final nos apalancábamos a la mitad. Esta vez ni siquiera finjimos y paramos en la primera con suficiente agua para meternos hasta el cuello y refrescar la sandía y las Coca Colas. Y aquí me vino de perlas la toalla de microfibra para hacer la vuelta seca y sin cosas mojadas que tender en sitios pintorescos del coche.

En fin, un año más, una excursión más. Y que dure :)

3 comentarios:

laura dijo...

Un reportaje muy completo, como todos los tuyos. Da gusto!

Cristina dijo...

Gracias, Laura! Con esto del texto nunca estoy segura de si no me paso con tanta palabra :)

joshemari dijo...

Fantástica descripción del viaje y no menos espectaculares dibujos. Qué maravilla!!!
No te pasaste en nada!
Te felicito y espero más!