miércoles, 27 de febrero de 2013

Una prueba muy dura.

Una mañana te encuentras tan tranquila dibujando refugiada del frío en una cafetería, enfrascada en tus pensamientos, cuando te interrumpen las pequeñas cosas que a veces tiene la vida.

Me estaba yo peleando con la perspectiva del hermoso mirador de la sala cuando el niño sentado en la mesa de enfrente empieza a jugar conmigo visualmente, sonriendo, tapándose la cara, escondiéndose. Irresistible. Abandono mi fracasado mirador y me pongo a dibujarlo. Luca se levanta, merodea por mi mesa y al final le doy pie a la conversación. Claro que le gusta pintar, le ofrezco una hoja de mi cuaderno y un lápiz. Vuelve a su mesa y se pone a dibujar. Cuando termina, se levanta y me regala su dibujo, con una sonrisa luminosa.
- Luca, ¿hoy no tienes colegio?
- Es que ahora voy al dentista a que me quite un diente que me sobra, mira ¿lo ves? -y Luca abre su boca y me enseña el diente que le sobra.
Su madre me dice que su hijo tiene un "diente supernumerario", es decir un diente de más y que impide el correcto posicionamiento de los otros dientes a la par que puede causar problemas para el nacimiento de los dientes definitivos, y un montón de cosas más. Iban al dentista, por segunda vez, ya que la primera, a pesar de la anestesia, de las mejores condiciones y promesas de regalos, Luca no se dejó extraer el diente.


Ante tal panorama, no pude evitar regalar a Luca uno de mis lapiceros acuarelables y otra doble hoja del cuaderno para que no se le hiciera tan duro el trance, angelito mío...

5 comentarios:

Juan Mª dijo...

hay cosas muy dificiles de superar, ni aun consiguiendo lapices acualerables, ...al menos tú te has llevado un dibujo suyo.

¡qué buena historia cotidiana!

Shiembcn dijo...

Me encantan tus historias dibujadas

Patrizia Torres dijo...

Este diente supernumerario quedará en el anecdotario familiar y en la leyenda que Luca amplificará con exageración cuando sea mayor.
Gracias Juan y Antonio.

Teresa Giménez Pous dijo...

Bonitos dibujos y detalles por ambas partes.

Isabell Seidel dijo...

Una historia más de las tuyas entrañables - me encantan, Patrizia!