viernes, 3 de mayo de 2013

EL PAPEL DE ESTRAZA

Mi madre planchaba y quitaba la cera de la túnica de nazareno de mi hermano poniendo papel de estraza encima de cada gota de cera.

En la pescadería envolvían con él las pijotas y boquerones. En la frutería hacían un cartucho y ponían dentro los tomates y los plátanos. Mi abuelo traía los churros para desayunar envueltos en papel de estraza, lo extendía sobre la mesa y echaba azúcar en medio.

Las tabernas tenían trozos de papel cuadrados cortados cerca de la barra. Servían sobre ellos avellanas y tapitas de chorizo y queso para acompañar el vino dulce y a la manzanilla.

En la facultad lo usaba a diario, dibujábamos con carboncillo tableros forrados de papel de dos metros de altura. Papel de estraza. Papel gris. Lo más barato para dibujar.

Dejé de utilizarlo cuando salí de allí.

Dejé el carboncillo y me pasé a la acuarela y a la pluma.

Me volví más exigente con el papel.

Ayer encontré un cuaderno de papel de estraza, me dio la cosa nostálgica y lo compré.

Hoy lo estreno en la feria del libro.
Tengo que volver a aprender a dibujar sobre este soporte hostil.

Feria del libro en Sevilla.

2 comentarios:

alicia solinis dijo...

¿hostil? pues te ha quedado genial!

Joaquín Aragón Vega dijo...

Auguro dibujos estupendos, el gris es un anfitrión inmejorable de los colores intensos y ¿que vamos a decir de Inma Serrano?,je,je.