
El jardín de la Concepción es un festín para los sentidos en cualquier época del año, pero su momento estelar es la floración de una glicinia colosal que crece sobre un cenador decimonónico de hierro forjado. Solamente dura un par de semanas, y este año coincidía con el sketchcrawl mundial, así que había que aprovechar la ocasión.
Si no conocéis ese trocito de selva amazónica a orillas del Mediterráneo, os recomiendo vivamente la visita... A la sombra de palmeras y lianas se dibuja a otro ritmo. Para evitar el sopor provocado por el croar de las ranas, desenvainé mis ceras acuarelables e intenté dejarme llevar. no sé si lo conseguí demasiado.
Por cierto, no os perdáis los magníficos dibujos que hicieron mis compis. Podéis verlos aquí.



