martes, 19 de febrero de 2013

Cataratas a la americana

Os dejo hoy unos bocetos rápidos de las cataratas más famosas del mundo, aunque a saber por qué. La única explicación posible es la peli de Niágara de Marilyn Monroe, aunque a mi me sonaban más de haber visto Superman 2 cuando era una enana. La cosa es que cataratas he visto un puñado y estas son de las más sosas, mil veces mejor Iguazú y casi cualquier foss de las de Islandia. 



Hay que admitir que el día lo empecé de aquella manera, porque ya había descubierto que mi parte favorita de ese viaje de curro a Nueva York era mi historia de amor con los croissants del hotel -que no se dónde se habían escondido el resto de mi vida-. El que tuviera que levantarme para coger el avión a las 4 de la mañana para una excursión que a mí tampoco me apetecía particularmente no fue tan traumático como darme cuenta que no sirven desayunos hasta las 6, y eso que yo soy de dormir hasta que me echen de la cama. Algo de eso se notó cuando me resistí a que me subieran al avión para Buffalo porque yo iba a las cataratas del Niágara. En fin ...

El caso es que cuando una llega a Buffalo (más que nada porque las cataratas están allí) se encuentra que cataratas, haberlas, haylas, pero cuesta verlas rodeadas de los 500 mil casinos de tropocientas plantas que ha plantado allí a saber quién aprovechando que los indios (sénecas) tienen licencia para hacer lo que les venga en gana en sus tierras. Y a partir de ahí, lo normal: comida tipo self service del infierno a precios de restaurante francés, atracciones en plan feria de pueblo que cuestan un riñón y todo lo que cabía esperar de una atracción de este palo (como el Gran Cañón si se va en plan organizado). 

La parte canadiense (la de Ontario) por lo menos ha rodeado las cataratas de parquecitos llenos de robles y ardillas negras y te puedes pasear tranquilamente y ver el agua correr sin maquinas tragaperras de por medio. Yo además me compré una sudadera fenomenal con la bandera canadiense en homenaje a Robin Sckerbatsky que hizo que la azafata del vuelo de vuelta hiciera pandi conmigo porque su marido "también era canadiense". Serán mis ojos azules y mi piel pálida...



En conclusión, si uno no tiene nada mejor que hacer (que estando en NYC lo veo difícil) puede echar el día en una excursión a las cataratas, pero servidora no lo recomienda mucho.




4 comentarios:

Patrizia Torres dijo...

A pesar de todo -y de los croissants- la escapada a las cataratas habrá merecido la pena,¿no, Cris?

Cristina dijo...

Bueno, ver un sitio nuevo siempre merece la pena, pero no lo recomiendo mucho, viene a ser el equivalente de decirle a alguien que venga a ver la playa a la Costa del Sol y llevarlo a la zona del Antonio Martín ..

Shiembcn dijo...

Cristina me encanta la linea que le imprimes a tu dibujar.

Cristina dijo...

Gracias, compi, aunque voy un poco al azar, cuando veo algo que me gusta, intento adaptarme :)