miércoles, 22 de octubre de 2014

DIBUJANDO CON LA BOCA DORMIDA EN SAN FERNANDO

La Casería, enero de 2013.
Si vais al dentista con resaca podéis llevaros vuestro cuaderno como hice yo. Tenía cita muy temprano y sabía que haría sol, todo hacía pensar que acabaría dibujando. 
Casi toda la vida participando de la vida social de San Fernando, y prácticamente nunca había hecho sketches en la ciudad de la libertad, en el puente hacia el continente. Apenas había hecho hasta la fecha un par de vistas de la Iglesia Mayor y algunos dibujos de la playa de la Casería.
Iglesia Mayor, primavera de 2013.
Puedo decir con una gran pena, que he visto como San Fernando se fue autodestruyendo en una rara estrategia social que consistió en ir eliminando paulatinamente todo ápice de aliciente para la juventud. 
No obstante, la buena gente de esta ciudad ha hecho que siempre me sintiera feliz de salir una noche y no saber como iba a terminar; de saber que si paseaba por la Calle Rosario o San Rafael, me cruzaría con alguna antigua pareja o con algún amigo que también buscaba trabajo, nunca olvidaré las cervezas fresquitas del Bar El Pescaito al mediodía. 
La cuestión es que a las 11:00 a.m ya estaba en la calle con mi cuaderno y con mi boca dormida; esa anestesia fue algo especial; dibujar sintiendo como no sientes nada, como intentas silbar una melodía reggae y se te sale la saliva...y no hablemos de la cerveza bebida con pajita. Empecé la jornada de dibujo por el edificio más representativo de una población, su casa consistorial. Este Ayuntamiento es el tercero más grande de Andalucía y el tercero del país. No obstante, es bastante representativo que el edificio que representa a un pueblo se encuentre cerrado y abandonado hace ya bastante tiempo; quizá sea una especie de maldición, ya que San Fernando le debe su nombre al peor rey de la Historia, Fernando VII.
Teatro de las Cortes, 17 de octubre.
Otro sitio emblemático, aunque no necesariamente bello, es este teatro decimonónico donde el 24 de septiembre de 1810 se reunieron las primeras Cortes Constituyentes, por eso se le llama el Teatro de las Cortes; como resultado casi dieciocho meses después, la Constitución apodada La Pepa - lo mejor que tiene es su nombre, que es como el de mi abuela-.

La boca ya se me empezaba a despertar, menos mal que no se me habian dormido los dedos, vaya con la anestesia. Cuando se me fue despertando, me di cuenta de que llevaba una hora mordisqueándome el labio y que era la hora de comer; así que dejé un último dibujito para la sobremesa.




Quizá no lo sepan muchos, pero existe una torre -Torrealta- que estaba allí mucho antes que el Observatorio de Marina, una torre que servía para vigilar nuestra costa de los piratas que tan a gusto campaban en nuestras costas. Ya en el s. XVI como nos dice un texto, ya en el s. XVII como se tiene constatado, se erigió este edificio, que con su blancura pasa desapercibido entre los rayos del sol.
Esto es solo una ínfima parte del patrimonio monumental de un San Fernando lleno de sorpresas, solo hay que buscarlas, próximamente... continuará la visita.