jueves, 14 de marzo de 2019

Lápices violetas y morados por la igualdad


El 8 de Marzo volví a sacar los lápices a la calle. Hay gente que sabe cantar, grita con gracia, baila y anima a la gente a manifestarse, a vivir la denuncia como fiesta. Yo no. 
Hice huelga porque quería y podía. Hice huelga porque en España podemos hacerlo, por lo menos ahora. Ni siempre ha sido así, ni tenemos claro que lo siga siendo. Por eso luchamos y salimos a la calle. No soy buena manifestante que infunda energía para gritar, ni soy rápida haciendo eslóganes reivindicativos. Pero me gusta poder dejar testimonio de lo que se vive, se dice y se siente en las calles de mi ciudad. Por eso me armé con mis armas de dibujar e intenté pillar lo más posible de lo que vivía en un día tan importante para las mujeres, para los hombres. Para todos. Me encantó toparme con una pequeña pancarta que decía: Profesora manifestando, profesora educando. 
Me encantó saludar a alumnas y exalumnas. Seguro que habría también compañeras y ex compañeras, pero no tuve la suerte de verlas en la manifestación de la mañana, vibrante, de estudiantes y trabajadores. 
Por la tarde volví a acudir a la general. Sin dibujar. Mucho más multitudinaria, inmensa. Recordé la misma del año pasado, quizá menos numerosa, pero sí más emocionante. Me da miedo pensar que acabemos acostumbrándonos a salir a la calle y abarrotar de manifestantes la ciudad en apoyo a la mujer, a un cambio del mundo, y no seamos conscientes de la importancia y transcendencia de no olvidarnos al día siguiente de la necesidad de ese cambio, y la unidad por ese cambio. No quiero olvidar la emoción sentida el año pasado cuando vi tanta gente luchando por un frente común. Por el respeto y consideración a la mujer. Por las ganas de acabar con el patriarcado y sus maneras. Y me confirma que estoy totalmente de acuerdo con el eslogan de la pancarta de los estudiantes: EDUCACIÓN FEMINISTA PARA CAMBIARLO TODO.
#huelgafeminista






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