La Gran Zulema
Hacía tiempo que no pasaba un fin de semana en la sierra y ha sido
precisamente este cuando he roto la racha. Grazalema es un pequeño
pueblo blanco que perteneció a los árabes hasta el final de los tiempos
de estos en España. En 1485 la Gran Zulema se pasó al bando cristiano,
saliendo de esa pequeña burbuja en la que parece existir ajena al
tiempo, al mundo.
Es un pueblo de un blanco perla y un gusto exquisito, sus casas, sus
calles, siempre limpias y relucientes; lo mejor es la sensación de saber
que estás donde no hay nada salvo Grazalema. Cuando vas no estás de
paso, si vas a Grazalema vas. Las pequeñas trazas de muralla nazarí que
aún pueden verse entre la vegetación conforman un conjunto cuanto menos
al estilo de los jardines de babilonia. El verde en todas sus gamas y el
olor a chimenea son la tónica general; y si tienes calor hay unas caras
de piedra esperando a escupirte un chorro de agua fresca donde más lo
necesites.
La hostelería es todo un lujo, tapas de venado y cervezas, potage de
tagarnina y vino blanco, queso payoyo y un vinito dulce; buen trato y
camareros preparados tanto para el turismo extranjero como para el
gaditano, buen trato e idiomas.
El finde comenzó el viernes con la recepción del Ayuntamiento de esta
ciudad bandolera, que junto con la Galería Neilson organizaron toda una
ruta Quetzal. Una maratón de dibujo para los cerebros más concienciados.
sin duda fue un placer, y no imaginaba que un lugar tan pequeño
ofreciera tanto al dibujante, pues la blancura relaja mis ideas hasta el
punto de anularlas para dejarme llevar por el sueño del que camina con
los brazos extendidos entre sábanas blancas tendidas que son los muros
de las casas.
 |
| San José |
Como todo lo que sube tiene que bajar, comenzamos la ruta en lo alto del
pueblo, llegando a subir incluso al campanario de esta parroquia de San
José, blanca por fuera y blanca por dentro, su espadaña se divisa desde
la entrada al pueblo como una cima inalcanzable, un auténtico tresmil.
En esta calle me di cuenta de que la confianza entre la gente aún es
posible, todo el mundo decía hola, y si te veían en su casapuerta te
sonreían y animaban a seguir con el dibujo; así que me cargué las pilas
de positivismo.
La mismísima fuerza de la gravedad me llevó a recorrer el pueblo hacia
abajo más y más progresivamente, hasta que casi languidecí al llegar a
la Plaza de España, donde me animaron las simpáticas caras visigodas de
la fuente, que por una vez en mi vida, estaba libre de sedientas
avispas.De repente la plaza se convirtió en un todo un recital de dibujo
donde los sketchers nos mimetizamos con el mobiliario de los bares,
sentados, rehundidos en la silla y con una cerveza en la mano los menos,
y con vino los mas; nada que ver con el ambiente de funeral que cernió
el bautizo de hijo de Jose María "el Tempranillo", que como regalo de
reyes recibió la muerte de su madre en pleno parto el 6 de enero de
1832. Esta iglesia fue testigo de este bautizo histórico, pero vio también
crecer a un pueblo que ocupó toda la colina en que se asienta.
 |
| Iglesia de la Aurora |
Por la noche este ambiente se cambió por el de una manada de niños
enfurecidos celebrando la victoria del Madrid, y es que los festejos en
los pueblos tienen más encanto, pues es el centro del pueblo donde se
reúnen para hacer ruido y mostrar alegrías; los gaditanos mostramos las
alegrías con unas palmas sordas y unos cantes de pericón, pero también
en la calle, no importa costa o montaña.
 |
| Iglesia de San Juan |
La Iglesia de San Juan es posiblemente el lugar más antiguo que junto a
algún conducto acuífero o fuente, encontramos en Gran Zulema. Su torre
es una delicia, recuerda a esos edificios de chocolate que fabricaban
cada año en la pastelería Calle Sacramento de Cádiz, dan ganas de
morderla y escucharla crujir. Una pieza casi de joyería, y es que aunque
el oratorio es más moderno, el campanario es con casi total seguridad
el alminar de la mezquita aljama de Grazalema, es pequeño, con ventanas
pequeñas y tres cuerpos pequeños, que se coronan con un cuarto cuerpo
campanario de colores mercedarios
Sin duda la torre más alta es el orgulloso Peñón Grande, que cada día
da una sombra heladora al pueblo, y también lo protege de invasores de
más allá de la frontera que no pueden ver lo que hay tras él. El
atardecer aquí fue como pasar a la cara oculta de la luna, de repente se
hizo de noche sin tregua, el color gris y morado se apoderaron de todo y
el frío mejor no hablemos.
 |
| Peñón Grande |
|
Con este panorama helador estuve a punto de huir hacia la calzada nazarí
y correr un kilómetro y medio en busca de algún rayo de sol extraviado,
pero recordé que el partido de Champions estaba a punto de empezar y
volví sobre mis pasos no sin antes detenerme a las puertas de la ciudad,
nostálgico de mis puertas de tierra.
 |
| Puerta de la Villa |